La Barcelona autoconstruida
En los bordes y las pendientes, muchos habitantes no solo construyeron su casa: abrieron calles, llevaron servicios y convirtieron asentamientos precarios en una reclamación de ciudadanía.
Una escalera antes que una calle
En Roquetes, algunos recorridos suben por escaleras porque la pendiente no permitía fingir que el terreno era llano. Las casas se adaptaron a parcelas difíciles, muros y desniveles. El mapa puede parecer irregular; visto desde el suelo, es el registro de muchas decisiones pequeñas: dónde cabía una habitación, cómo llegar hasta ella, por dónde pasaría el agua, qué debía sostenerse para que la casa no se deslizara.
Esta Barcelona no fue dibujada de una vez. Creció por acumulación. Familias llegadas a la ciudad compraban u ocupaban terrenos baratos, a menudo lejos de los servicios, y construían con los materiales y el tiempo disponibles. Una pared hoy, una cubierta mañana, otra planta cuando el dinero y la necesidad lo permitían. La autoconstrucción era una técnica, pero también una economía de supervivencia.[1]
Casa no significaba ciudad
Levantar una vivienda no garantizaba tener calle, alcantarillado, agua corriente, escuela, transporte o una dirección reconocida. En muchos sectores de Torre Baró, Roquetes, el Carmel, Can Baró o los bordes de la Trinitat, la ciudad formal llegaba tarde y a menudo después de campañas insistentes. Los residentes tenían que demostrar una y otra vez que el lugar donde vivían merecía servicios públicos.
Esa distancia entre casa y ciudad es central. La administración podía considerar irregular una construcción, pero dependía de quienes vivían allí para consolidar el terreno, mantener caminos y organizar demandas. Lo que después aparecía como mejora municipal a menudo había empezado como trabajo colectivo o protesta vecinal.[2]
Autoconstrucción y barracas
No todas las viviendas precarias eran iguales. Las barracas de Montjuïc, Somorrostro o el Carmel podían ocupar terrenos sin parcelación estable y utilizar materiales muy frágiles. Otros sectores de autoconstrucción combinaban compra informal de suelo, pequeñas casas permanentes y ampliaciones sucesivas. Ambas historias se cruzan, pero no deben convertirse en una sola categoría.
El Turó de la Rovira concentra varias capas: infraestructura militar, asentamiento de barracas, desaparición del barrio informal y posterior musealización. La vista panorámica que hoy atrae visitantes se superpone a una geografía de familias que convirtieron una posición antiaérea abandonada en espacio doméstico.[3]
Cuando llega el planeamiento
La regularización puede traer servicios y seguridad. También puede imponer derribos, calles sobredimensionadas o viviendas nuevas que no respetan las relaciones existentes. El planeamiento entra en un territorio que ya ha sido planeado desde abajo, aunque no tenga planos oficiales. Cada escalera, muro y pasaje contiene una respuesta a la topografía y a la falta de recursos.
Por eso, “urbanizar” no es empezar desde cero. Es negociar con una ciudad ya hecha, decidir qué soluciones cotidianas se conservan y quién soporta el coste de la normalización.
Quién construyó Barcelona
La autoconstrucción suele explicarse como ausencia: ausencia de planeamiento, calidad o Estado. También es presencia. Presencia de conocimiento práctico, redes familiares, trabajo fuera de jornada y organización política. No hace falta idealizarla para reconocer que muchas familias hicieron el trabajo que la ciudad formal no había querido asumir.
En Roquetes, la escalera sigue subiendo antes de que la calle pueda hacerlo. Cada peldaño resuelve la pendiente. Juntos explican una ciudad construida por quienes exigían ser sus ciudadanos.
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Fuentes
- [1] MUHBA. Barcelona barraques.
- [2] BCNROC. 30 projectes de memòria popular als barris.
- [3] MUHBA / Ajuntament de Barcelona. Turó de la Rovira heritage site.