Barcelona antes de Cerdà

Antes de la cuadrícula no había vacío. En el llano ya existían caminos, campos, acequias, fábricas, pueblos, propiedades y una franja militar que impedía construir alrededor de las murallas.

El camino antes que la calle

Passeig de Gràcia parece hoy una pieza central del Eixample. Antes de ser paseo urbano y eje comercial, su dirección conectaba la ciudad amurallada con la villa de Gràcia. La futura cuadrícula no inventó todas las líneas: tuvo que cruzar, incorporar o rectificar una geografía existente. Lo mismo ocurría en la carretera de Sants, el camino de Sant Andreu, los ejes hacia el Clot y las rutas que salían de las puertas. El llano de Barcelona ya era un territorio de movimiento. Carros, mercancías, personas, agua y ganado habían dibujado una red antes de que el urbanismo la convirtiera en calles.

El vacío militar

Alrededor de las murallas existía una zona sometida a restricciones militares. La ciudad densa quedaba contenida mientras el espacio exterior no podía urbanizarse libremente. Esa separación hizo más visible el contraste entre una Barcelona comprimida y las poblaciones del llano que crecían por otras vías. Cuando las murallas perdieron su función y empezaron a derribarse, el debate no consistía solo en cómo ampliar la ciudad. Se discutía quién controlaría un suelo inmenso, cómo se conectarían municipios e infraestructuras y qué modelo de vida produciría la nueva extensión.[1]

Un llano trabajado

Fuera de las murallas había agricultura, acequias, masías, conventos, cementerios, fábricas y fincas. El Rec Comtal atravesaba el norte del llano; los caminos estructuraban parcelas; las primeras industrias buscaban agua, espacio y conexiones. Gràcia, Sants, Sant Martí y otros municipios no eran satélites pasivos, sino centros con desarrollos propios. Por eso, la cuadrícula de Cerdà es más reconocible donde pudo imponer una regularidad extensa y más compleja donde chocaba con ejes, propiedades y núcleos anteriores. Las excepciones no son errores del plan: son pruebas de la ciudad precedente.

1859: decidir la ciudad futura

El año 1859 concentró una disputa sobre la nueva Barcelona. Distintas propuestas competían por definir la forma de la extensión, y el proyecto de Cerdà acabaría estableciendo la gran estructura del Eixample.[2] El plan proponía una red abierta, circulación, ventilación y una nueva relación entre manzana, calle y equipamientos. Su aplicación, sin embargo, no fue una traducción pura del dibujo. Propiedad, negocio, ordenanzas y construcción modificaron densidades, patios y usos.[3] La ciudad construida es el resultado del encuentro entre proyecto e intereses que lo materializaban.

Ver lo que había antes

Algunas iglesias, masías y trazados antiguos quedaron atrapados dentro de las manzanas. Algunas calles cambian de ángulo porque siguen un camino anterior. La Diagonal corta la trama como una línea metropolitana; otros ejes conservan direcciones mucho más antiguas.[4]

Leer la Barcelona anterior a Cerdà no reduce el valor de su plan. Lo hace más preciso. La cuadrícula no cayó sobre un papel en blanco: negoció con un territorio ya habitado, trabajado y disputado. En Passeig de Gràcia, la ciudad parece avanzar en línea recta. Bajo la recta continúa el camino que llevaba de una ciudad a otra.

Mapa estático: límites oficiales de los barrios (CartoBCN)

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Fuentes

  1. [1] MUHBA. Decidir la ciutat futura: Barcelona 1859.
  2. [2] MUHBA. L’Eixample Cerdà.
  3. [3] MUHBA. Raó, passió i negoci en la construcció de l’Eixample.
  4. [4] BCNROC. Avinguda Diagonal guide.

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